domingo, 22 de mayo de 2011

Oscura comunicación


Con tantas redes sociales, foros, páginas web, etcétera; nos hemos vuelto más crédulos. Lo que no pudieron hacer las sagradas escrituras (al menos no de fuera para dentro) lo han logrado los enlaces, las cadenas y correos masivos, los vídeos editados o los artículos fantasmas que circulan en la red. Todo lo que nos llega con un título sugerente, o con el nombre de una persona que adoramos u odiamos, nos llena de interés. Da igual si lo que está escrito es verdad o mentira, da igual si es algo importante o efímero, si es algo antiguo o nuevo, da igual todo, lo importante es compartirlo y repetirlo hasta que quede algo de aquello en la conversación cotidiana. Repetimos cosas que no sabemos de dónde salieron, quién las escribió o si alguien, por fastidiar, las inventó o las editó. Repetimos hasta la saciedad esas cosas creyendo además que así sabemos más, mucho más, tanto que nos sentimos grandes, cultos, informados. Sabemos tanto gracias a esas informaciones que dictamos sentencias en juicios que solo existen en nuestra imaginación.

Hace poco tiempo, cuando ya había televisión a colores, videojuegos y teléfonos inalámbricos; la gente que repetía rumores era mal vista. Se decía de ellos que no tenían nada que hacer. Que era gente que, como nunca leía o estaba mal informada, repetía lo primero que escuchaba en los “chismódromos” o en la prensa amarilla, llamada despectivamente “chicha”. Cuando se escuchaba este tipo de información uno se reía y se burlaba de las tonterías que se podía repetir dicha gente que terminaba condenada al destierro por mérito propio . Pero en estos tiempos modernos uno duda de lo que la gente con gran convicción repite o envía. Uno piensa cortamente, le da vueltas unos segundos y como hay que demostrar que se sabe mucho, se lo cree sin más y lo reenvía, y así hasta el infinito.

¿Nos hemos vuelto más bobos? ¿O simplemente nos sentimos más tranquilos creyendo cosas que nos hacen dormir tranquilos?

Polarizar una sociedad con tanta información que tira para dos lados opuestos, y que al final tienen la misma finalidad, nunca fue tan fácil. Genios los que se dieron cuenta que por más seres pensantes que “pensemos” ser, al final convencernos de una cosa era tan sencillo que no era más necesario usar la razón o si quiera tener que probar las cosas. El miedo fue, es y será siempre la forma más manejable (y cruel) de hacerlo: pero el miedo, por más que pasen los años y tengamos pantallas táctiles y cámaras webs, es una perturbación que nos hace perder el JUICIO. Y más aún si este miedo es a un daño imaginario, creado con una intención perversa.

Nos creemos cosas por miedo a que suceda lo que nuestra mente va creando gracias a esas informaciones.

Vivimos en una época en que todo es tan rápido que razonar o profundizar un tema es una pérdida de tiempo. Es aburrido pensar, y creemos que además es innecesario. ¿Para qué, si todo nos llega por Email o en un enlace? La pereza mental está tan instalada que somos solo capaces de leer algunos caracteres. Nos aburre todo y cuando vemos un texto largo buscamos los comentarios de la gente para hacernos una idea de lo que se habla. Compartimos sin discreción ni miramiento enlaces que nunca nos molestamos en comprobar de dónde vienen o quiénes lo crearon contribuyendo así a incrementar una sociedad desinformada, a pesar de todos los medios para comunicarnos que cada día aparecen.


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