Si Keiko Fujimori y su banda representan (con razón y muchos méritos) lo más repulsivo del Perú, qué y a quiénes representa Ollanta Humala. Ollanta Humala en primera vuelta representó a la parte del Perú que no entiende cómo un país que los últimos años ha crecido considerablemente en términos económicos sigue siendo igual para ellos, por no decir peor. Representa a esa parte de la población que la gente que ha mejorado su “estilo” de vida cree lejos, pero que sin embargo se cruza con ella todos los días en los semáforos, a los lados de las carreteras y por todos los lugares que transita cuando tiene que salir su distrito moderno y seguro.
Pero cómo llegó Ollanta Humala a ser representante de esta gran parte la población. ¿Acaso fue con un discurso moderado y construido que generó propuestas para beneficiar a esa gente? Lamentablemente no, sino todo lo contrario. Ollanta Humala empezó con un discurso muy violento y revanchista. Durante años repitió diestra y siniestra discursos, en diferentes lugares, sobre la necesidad de nacionalizar empresas privadas, quitar, expropiar y no respetar acuerdos ya firmados. Sólo en su etapa más moderada (los últimos meses) ha comenzado a utilizar la palabra “revisar”. Su discurso nunca fue un discurso pensado, sosegado; si no más bien un discurso que alimentó el resentimiento de esa población olvidada por los últimos gobiernos. Precisamente eso fue lo que se pudo observar en la mayoría de electores de Ollanta en la primera vuelta del 2006: personas con bajos recursos olvidadas y resentidas (con justificación) con una sociedad que miraba a otro lado. Obviamente, a aquellas personas no le importaba la democracia, ni mucho menos si Chávez le daba dinero a Humala; simplemente votaba siendo consciente que lo hacía contra un sistema que no le garantizaba ningún beneficio.
De origen militar, Ollanta Humala siempre creyó más importante imponer ante la población una imagen de persona dura con carácter rígido a ser una persona que supiera escuchar los verdaderos problemas de sus electores. Si hubiera llegado al poder en el 2006 hubiese convertido al Perú, sin dudarlo, en un satélite del Chavismo, una opción que por más apoyo popular que en ese momento hubiese tenido en Venezuela, no habría sido la solución para el Perú. Ollanta Humala en un principio no tuvo ideas democráticas, por lo que es fundado el miedo de muchas personas en negarle su voto. El miedo lo instaló él mismo con sus declaraciones en mítines, sus libros o sus artículos en periódicos, entre ellos el famoso Ollanta, del que aparentemente se desvinculó recién después de varios años. Si antes nadie se interesó en darle tanta pantalla, titulares, portadas o entrevistas fue porque la gente que maneja los hilos del país nunca se vio amenazada por este personaje. Fue como la fatal guerra contra Sendero Luminoso, ignorada hasta que llegó a Lima y esa gente se vio amenazada por los subversivos. Pensaron que del 2006 al 2011 Humala desaparecería, pero con lo que no contaron fue que esa desigualdad económica en vez de disminuir aumentó.
Después de la elección de Susana Villarán como alcaldesa de Lima, el discurso en Lima cambió. A los medios afines al modelo económico que en los últimos años se ha venido desarrollando en el Perú , no les ha bastado con llamar “de izquierda”, “socialista” o “rojo” a este candidato para bajárselo como hace cinco años. Su intención de llevar al electorado a una lucha de ideologías no prosperó simplemente porque los candidatos al sillón presidencial no profesan ninguna ideología, sólo son candidaturas que se basan sobre promesas o simpatías; y porque los electores en el Perú no tienen formación ideológica, por eso siempre se tienen que conformar con votar “el mal menor”.
Pero, qué representa Ollanta Humala. ¿Representa realmente a la izquierda? ¿A cuál izquierda? ¿A la de Chavez, Lula, Zapatero, Mujica, Evo Morales o Kirchner? Humala sólo se representa así mismo. Su pasado no le deja bien parado en varios aspectos y como no tiene antecedentes en cargos públicos, y está rodeado por gente que ha cambiado muchas veces de “camiseta”, es un candidato que no se puede catalogar. Decirle candidato “de izquierdas” es demasiado abstracto para una persona que en 3 meses ha cambiado infinidad de veces su discurso y su plan de gobierno. Algunos lo catalogan como el salto al vacío, otros como el salvador que pondrá un punto de quiebre en la política social. Mal menor o no, lamentablemente para él, y para el Perú, Ollanta Humala, a pesar de sus promesas, sigue siendo una gran incógnita.
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